Yo lo sabía, lo sabía desde esa mañana que le vi por primera vez. El estaba con sus amigos jugando al fútbol. Cuando miró hacia atrás ¡DIOS QUE SENTÍ! Sus ojos claros como el cielo y tan transparentes como el aire que respiro, su piel más bien blanca que de ningún otro color, su pelo rubio…rubio como la luz del día que con un reflejo atravesó directamente mi corazón. Entonces supe que no me iba a costar mucho enamorarme de él. Se volvió cuando uno de sus amigos pronunció su nombre, Nacho, preciosas letras lo acompañaban y lo que significaban… por ellas supe que por la noche mi última palabra sería su nombre y por la mañana mi primer suspiro sería por él. En pocos días mis libros y cuadernos se llenaron con su nombre y mi corazón de fantasía. Cada tarde después de clase iba donde sabía que iba a estar él, le observaba desde una esquina temerosa de que me viera, y me tomara por una cría, la cría que soy. Cuando sonreía ¡Dios quería vivir en su boca para siempre! Echaba la cabeza hacia atrás y adquiría un gesto de un niño revoltoso.
Un día estaba tumbada en la piscina con una amiga, se acercó a mi me pidió que le acompañara a un lugar, apartado de las marujas y cotillas de una urbanización de Melilla como era esta. Me abrazó contra él y empezó a besarme. Creo, después de haber pasado los años que sigue siendo este momento aun, el más mágico de mi vida. Creí que era uno de mis sueños, esos labios que tanto he amado y deseado estaban sellados en un beso con los míos.
Pasamos juntos un mes, un mes en el que no nos separábamos para nada, comíamos juntos, cenábamos juntos, paseábamos juntos, bueno, lo típico de una pareja de 13 y 16 años. E incluso un día, haciendo chanchullos, dormimos juntos, y hoy por hoy puedo asegurar que no hay mucha gente que me haya respetado como él lo hizo. En conclusión fue el mes más feliz de toda mi vida.
Un día me dijo que se iba un mes de viaje con sus padres a Cádiz, y no se ni cómo ni por qué, un presentimiento horrible invadió mi cabeza y le dije que tenía miedo, que presentía que después de ese viaje nada iba a ser como antes. Él me aseguró que eso eran tonterías mías y yo le creí.
Pasó algo así como medio mes, y empecé a juntarme mucho con su mejor amigo, este chico era muy simpático, me trataba muy bien y sentí que el empezaba a sentir algo por mí. Nacho dejó de llamarme todos los días para llamarme de vez en cuando, y en fin no pretendo excusarme pero las circunstancias me llevaron a comer el error más grande de toda mi vida, engañarle como su mejor amigo. Me sentía fatal él me decía que no le contáramos nada pero que lo dejara para empezar con él, me sentía confusa, no sabía que era lo mejor ni para mí, ni para ninguno, así que ese medio mes que quedaba para que regresase lo pasé realmente mal pensando en que iba a hacer.
El día en que volvía por la mañana me la pase en la playa, y sentí que le había dejado de amara porque no sentía ningún tipo de ilusión por verlo, sino miedo, muchísimo miedo, de contar la verdad. Por la tarde como una buena novia fui a verlo y cuando lo vi de lejos no lo reconocí hasta que se acercó un poco más y fue como si nada hubiese pasado, no le amaba como el primer día sino como nunca he amado a nadie, pero como siempre, la cagué. Me sentía tan mal conmigo misma que no podía evitar estar borde, seca, y antipática. No podía seguir con esa actitud y sabía perfectamente lo que tenía que hacer para que se acabara ese cáncer que me perturbaba ya tanto tiempo. Si, exactamente, se lo conté, gran equivocación, empezó a comportarse de una manera muy extraña, luego supe que se peleo con el otro chico, etc.…, y un día de feria, exactamente el 8 de septiembre de 2002, mi mejor amiga me contó que le había dicho que se había enamorado de otra chica, que lo había matado con los cuernos y que ya nada podía volver a ser como antes porque no deseaba estar con una persona como yo. Me dolió como si mil puñales se me clavaran en el corazón, salí corriendo, las lágrimas me nublaban la vista, tenía miedo, lo había perdido y para siempre, estaba destrozada, corrí más y cuando mis entrañas estaban a punto de estallar por el esfuerzo, me paré alcé la vista al cielo y grité más allá de las estrellas. Desde ese día, apenas vivo, por que mi alma se la llevo con él, y a partir de entonces tan solo pienso en lo aquella noche juré, y es que tarde o temprano volveré con él donde quiera que esté.